viernes, 24 de octubre de 2014

 

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Nélson Mandela, un hombre de paz

Telésforo A. Isaac

miércoles, 1 de agosto de 2012

Nelson Mandela, ex Presidente de la República de Sudáfrica, el destacado personaje de la historia contemporánea, cumplió 94 años de edad. Él es el prototipo de hombre que respira paz y transpira perdón. Su augusta y ejemplar figura perdurará por los siglos venideros, gracias a los aportes de sus pensamientos, palabras y hechos, en la búsqueda y consecución de equidad y bienestar social de los múltiples grupos de esa nación.
 
El es el modelo viviente de un ‘desechado sanador’ o mejor dicho: un ‘desechado’ que sabe ‘curar heridas’ y ‘sanar quebrantos’.
 
El señor Mandela nació el 18 de julio de 1918 en la aldea de Qunun en la región de Transkei, Sudáfrica. Perteneció a la familia real de la tribu de la etnia Xhosa y nieto del rey. Fue bautizado en la Iglesia Metodista a la que pertenecía su madre. Su educación básica y media fue en escuelas de misioneros cristianos como es el caso de la mayoría de los líderes del continente africano.
 
Estudió derecho y con un colega estableció la primera oficina de abogados negros de Johannesburgo.
 
Nelson fue activo en la lucha estudiantil y forjador de programas de reivindicación de su gente.
 
Como abogado, defendía los derechos humanos de los negros e hizo suyo el programa de acción por el uso de boicot, huelgas, desobediencia civil y no-cooperación con las instancias del gobierno de minoría blanca que mantenía la oprobiosa separación de las personas según su raza y color.
El infatigable luchador contra el apartheid fue perseguido y encarcelado en muchas ocasiones.
 
En verdad la mitad de su vida la pasó luchando, eludiendo la persecución de la policía secreta, defendiendo en los tribunales a otros inculpados, o a sí mismo, por delitos contra las leyes opresoras del régimen era  juzgado y encarcelado repetidamente. El día 12 de junio del año 1964 fue sentenciado a cadena perpetua y enviado a la prisión de máxima seguridad  en la isla Robben a 7 kilómetros de la Ciudad del Cabo.
 
El fiscal solicitó para él la pena capital, pero la justicia y el gobierno no acertaban a presentarle como un extremista peligroso o como un racista negro.

El alegaba en su defensa propia que:”Detesto el racismo. Lo veo como un acto de barbarie, ya sea que provenga de un hombre blanco o de un hombre negro”. Pero lo mas significativo en su alegato fue su expresión: “Yo he luchado contra la dominación blanca y he luchado  contra la dominación negra. Abracé el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas viven juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el cual espero vivir para ver. Pero si tuviera que ser de otra forma, es un ideal por el cual estoy preparado para morir”.
 
Nelson Mandela fue el prisionero número 466/64. El racismo del Apartheid seguía existiendo en la prisión. No había guardias negros y no había prisioneros blancos. Fue obligado a desvestirse al llegar a la cárcel. Dormía en el suelo y hacia sus necesidades fisiológicas en una cubeta. Tenía permiso de una visita una vez cada seis meses, por no más 30 minutos.
Era permitido escribir y recibir una sola carta en un semestre. Hacía trabajos forzosos rompiendo piedras en una cantera para la reparación de carreteras. Durante los años de prisionero en la Isla Robben fue operado de cáncer de próstata y curado de tuberculosis.


“Desde su celda se convirtió en el símbolo de la resistencia negra y de la conciencia secuestrada de la nación, ganando una masiva solidaridad internacional”.

Los biógrafos de Mandela, Richard Stengel y Anthony Sampson relatan que él es una persona muy singular por la forma de alcanzar y cumplir con la misión de su vida, por su entereza moral y por el sentido personal de su destino. Pero también señalan que se parece a los hombres comunes por su vanidad, su enojo y su terquedad.
 
Los autores del libro “La Larga Caminata de Nelson Mandela” enfatizan que él se transformó en la cárcel y dejó de ser impulsivo y radical. Se moldeó en un dirigente y estadista maduro, moderado, y con inteligencia, deleite y dignidad, supo doblegar a los más rudos y brutales oficiales de la prisión.
 
El cambio en la personalidad y conducta de Mandela le ayudó para implementar la táctica para convencer la clase dominante de Sudáfrica a quien convenció para disuadir de la represión y el temor de vivir con y bajo la dirección de la mayoría de la raza negra en la nación.
 
Nelson Mandela emergió en la cárcel de la Isla de Robben para llegar a ser uno de los hombres más destacados del Siglo XX. Luchó y fue victorioso en una gran batalla política que creó la nueva República Democrática de Sudáfrica, una hazaña pocas veces registradas en la historia de los pueblos por la forma pacífica y consensuada para lograrlo.
 
El Presidente Mandela es un “desechado” y un “herido” que se curó a sí mismo del quebrantamiento de la ignominia, la soledad, la persecución y la represión en la dura vida carcelaria, e hizo posible que todo un pueblo de diversas etnias culturas, religiones, lenguajes y niveles socio-económicos, viva en paz y concordia.
 
La caminata de este hombre hacia su anhelo y ambición, fue una larga precaria tarea; mas, gracias a una excelente espiritualidad, alcanzó la meta y cumplió la misión de su vida.

El señor Mandela supo perdonar, supo dejar atrás las desavenencias, supo curar heridas, supo decir: “no hay lugar para actos de reproches, venganzas, odio o caprichosas persecuciones. Lo que se quiere es paz, justicia, convivencia e igualdad de oportunidades para todos”. Sudáfrica disfruta esencialmente de ese estado de situación.
 
El defensor de la oprimida masa de negros de Sudáfrica, el ex-luchador estudiantil, el dirigente de agrupaciones de presión anti-Apartheid, el fogoso y sagaz político, el sufrido prisionero salio de la cárcel con voluntad y firmeza de decisión, para seguir su lucha a fin de unir a una quebrantada sociedad. Venia a sanar las profundas heridas de un pueblo lacerado y sangrante.
 
Mandela pudo satisfacer su ambición y alcanzar su meta; pues se había madurado y tenia conciencia cabal de su misión y como llevarla a cabo. Estaba dotado de una asombrosa tranquilidad y paz, gracias a la excelencia de una abundante espiritualidad forjada bajo el candente sol de la cantera y la soledad en las oscuras noches entre las paredes de la cárcel.
 
Sólo un espíritu renovado, podía él curar las magulladuras de las honras de un pueblo quebrantado, adolorido y tristemente dividido. Fue elegido presidente y gobernó con sabiduría, moderación y equidad. No hay lugar para vacilar al decir que: Nelson Mandela es una de las figuras más preclaras y destacadas del Siglo XX y de toda la historia de las luchas de clases y de pueblos oprimidos.
 

Obispo Emérito Iglesia Episcopal/Anglicana

Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación (ALC)
Análisis e información de la realidad socio-eclesial, desarrollo y derechos humanos en America Latina y otras regiones del mundo
Edición en español: Combatientes de Malvinas 1230, 3190 La Paz, Entre Ríos, Argentina
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