Sus seguidoras dicen: “yo quiero ser alguien como Dolores”. Así lo expresa Marta Noemí Morales Elías, de 47 años, al recibir su nombramiento como ministra ordenada (pastora) en la Iglesia de Dios del Evangelio Completo.
Durante la ceremonia Morales compartió los dos ejemplos que la motivaron a dar los pasos necesarios hasta recibir tal nombramiento: uno, el caso de la reverenda Dolores y, el otro, el resto de las mujeres que lo han conseguido; “tomé la decisión y me dije: si ellas lo han logrado, yo también lo lograré”.
Morales analizó allí la realidad de las mujeres y les recomiendó hacer el “esfuerzo para estudiar y dedicarle tiempo, porque hay mucho por hacer en la Iglesia.”
También afirmó que “Con el poder de Dios he podido levantar mi cabeza ante las personas que se consideran con mayor autoridad, con mucho conocimiento y que tratan de menos a los demás; es importante estar conscientes de que debemos superar los prejuicios, la discriminación y las barreras que se presentan en el camino.”
Explicó que, ante estas situaciones, es necesario decir “y lo he dicho: sé que te tengo a ti, Señor.”
Por otro lado, comentó que es posible que las personas que se consideran sabias, traten a la mujer como tonta, inútil, sin ningún conocimiento y desconfíen de ellas y de su liderazgo.
Por otro lado contó que, en los momentos difíciles, “yo levanté mi rostro y sentí y dije, la gloria de Dios está en este lugar, el Señor está aquí. Debemos sentir el respaldo del Espíritu Santo, debemos sentir el apoyo de Dios.”
Acotó que al ser “pastora es un grado más alto, pienso que se recibe un trato mejor. Sin este título no somos consideradas las mujeres como personas especiales”; e hizo un recuento de su labor realizada dentro y fuera de la Iglesia. En su casa atiende a un colectivo de mujeres que lo llama “grupo de intercesión” y a otros dos en las colonias cercanas con un promedio, cada uno, de unas 20 féminas. “Estos se animan mutuamente, se escuchan, se exhortan, comparten conocimientos y sentimientos para superar los desafíos, los problemas y necesidades desde su propia realidad”, afirma.
“La mujer siempre se enfrenta a los retos de la discriminación, del rechazo o no reconocimiento de su labor eclesial, esto hace sentir amargura y no se quita con facilidad. Aparece ese dolor, aunque uno no quiera sentirlo, porque lastima. Por eso, estaré al lado de las mujeres siempre, sea para ayudar económicamente, o acompañarlas en sus sentimientos, moralmente y espiritualmente”, ratificó.
Morales también desarrolla y acompaña a los distintos coordinadores y coordinadoras de los ministerios. Uno de los aspectos que le parece importante es que las mujeres no tienen voto, tampoco pueden participar de las reuniones de líderes, de manera que afirma con orgullo: “Ahora tendré voto entre los pastores y los obispos.”
Confiesa, como su mayor deseo, abrir iglesias y responder a los deberes de su puesto como ministra, continuar su labor con las mujeres, apoyar a los pastores y las pastoras, y facilitarles a éstas el paso para su superación, trabajando en equipo con líderes urbanos y rurales. Pero, sobre todo, confiesa: “Quiero ser siempre una mujer humilde y sencilla.”