sábado, 1 de noviembre de 2014

 

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Lo más triste es que hay cristianos que aún creen en los políticos

El panorama político sigue siendo el mismo, aunque matizado ahora con el divorcio de la Primera Dama de la nación; cárcel para el alcalde de Villa Nueva y posible candidato para un nueva mandato en el mismo municipio; cambio de partido de dos diputados; todo esto y más en una sociedad que requiere de verdaderas transformaciones.

Antonio Otzoy
Ciudad de Guatemala, lunes, 28 de marzo de 2011

Los cristianos no se hacen notar diferente del pueblo común, porque escuchar al político que promete es común. Lo increíble es que muchos se quedan a la expectativa y otros buscan cómo llegar a los favoritos. Lo triste es que otros los escuchan y los consideran semidioses. Lo deprimente es que haya creyentes que siguen a los políticos que ya son conocidos por sus actos pocos sensatos, considerándolos buenos y de bien para la mayoría. Un cristianismo atomizado necesita cohesionarse alrededor de la visión en aras de la misión de ser luz y sal para Guatemala.

Cada cuatro años se celebran las elecciones presidenciales y aparecen ciertas caras nuevas en la arena política, algunas otras desaparecen, las que se quedan se vuelven parásitas. 

Los guatemaltecos estamos a las puertas del inicio de la carrera por llegar a la primera magistratura; ya hay inscritos 26 partidos políticos de modo legal, en trámite por autenticarse; y ocho más están en la lista de los que podrían inscribirse. En total existirán 35 partidos, cada uno con su cancioncita en la cual, supuestamente, incluye a todos, conoce las necesidades que padece la mayoría y su presencia es porque han descubierto que son la única alternativa viable, cuando los demás no representan ninguna opción.

Esta es una enfermedad común de los pueblos. Un parasitismo cíclico que aparece cada cuatro años. El pueblo sufre, hay angustia, y luego se alegra dando el beneficio de la duda al ganador. Sin respuesta alguna a sus necesidades, la gente vuelve a caer en las mismas demandas: mejoramiento en materia de seguridad, salud, educación, vías de comunicación, alimento, techo, agua y oportunidad de trabajo.

La generalidad de los políticos vive de la mayoría y presentan cualquier pretexto con tal de llegar al poder. El que llega hace lo mismo que el anterior: incumplir sus promesas. Un aspecto que llama poderosamente la atención es el divorcio de la Primera Dama de la Nación, Sandra Torres. Con lágrimas en sus ojos dice: “es por amor a Guatemala… me divorcio de Colom, pero me caso con el pueblo… por el pueblo se hacen grandes sacrificios”, así se ha expresado, en rueda de prensa, este 24 de marzo.

Luego emitió un mensaje en campo pagado, endulzando los oídos de los telespectadores, al decir que su sueño es seguir ayudando a los más pobres, su preocupación es que los pobres no vuelvan a ser desatendidos. Su mayor inspiración es el pueblo, las mujeres, los indígenas.

Sin lugar a dudas, saben que la gente olvida rápido los incumplimientos anteriores y refrescan el panorama con las promesas de un supuesto futuro más promisorio. Ya no afecta el hecho de que algunos políticos cambien de partido “para servir mejor al pueblo”.

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