martes, 23 de septiembre de 2014

 

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La apostolicidad de la Iglesia, ¿restauración o nueva reforma apostólica?

Cuando se trata de ubicar lo que se denomina “la nueva reforma apostólica” o “la ola apostólica”, “el movimiento apostólico”, hay que trazar las así llamadas “tres olas” del Espíritu.

Carmelo Alvarez
Chicago, jueves, 10 de mayo de 2012

La primera ola es el movimiento pentecostal, que irrumpe entre 1901 y 1906 en Estados Unidos. Y luego surge en otras partes del mundo como es el caso en Chile a partir de 1907. En los años 60 y 70 se aplicaba el término a las manifestaciones carismáticas protestantes y católicas y grupos independientes carismáticos. Hubo líderes prominentes como Dennis Bennett en la Iglesia Episcopal de Estados Unidos, Larry Christenson entre las iglesias luteranas como la Iglesia Luterana en América, y grupos carismáticos católicos en universidades, como es el caso de Marquette University en Milwaukee, Wisconsin. Los dos énfasis principales en estos movimientos eran el bautismo en el Espíritu Santo y la
oración como instrumento de renovación personal y comunitaria. La idea no era fundar o
establecer nuevas iglesias, sino renovar las existentes.

A partir de 1980 surge una “tercera ola” con el pastor de una comunidad cuáquera, John Wimber, y el Dr. C. P. Wagner en California. Estos dos líderes se encontraron en el contexto del Seminario Fuller en Pasadena, California. Wagner era profesor de cursos en iglecrecimiento en la Escuela de Misión Mundial en Fuller, y Wimber había iniciado una comunidad carismática llamada Confraternidad Cristiana “La Viña” en Anaheim, California.

La relación del estudiante John Wimber y el profesor Wagner consolidó desde el Seminario Fuller un movimiento de “señales y prodigios” con un “evangelismo con poder”. Muy pronto el movimiento comenzó a expandirse por Estados Unidos, Canadá y otras partes del mundo. El ministerio de oración para la liberación y las sanidades era su enfoque principal (Bühne 1994:11-46).

En la presente coyuntura internacional globalizada se aplica el término a nuevas formas pentecostales tras-nacionalizadas, con nuevos esquemas organizativos, nuevas liturgias y nueva presencia social y económica. Este es un fenómeno bien complicado, que tiene muchas aristas, que sale, en parte, del pentecostalismo clásico, y también de nuevas expresiones.
 
Los neopentecostalismos son diversos, difusos, y a veces confusos. La pregunta básica es: ¿Son iglesias? Esa es una pregunta bastante abierta.  Antonio Govea Mendoza, el finado sociólogo de la religión brasileño, decía que no son iglesias en el sentido tradicional del término, son agencias trasnacionales religiosas. Algunas expresiones de los neopentecostalismos tienen unos elementos organizativos adaptados del mundo empresarial.

James Moorehead, presbiteriano, profesor de historia en el Seminario Teológico Princeton, ha publicado un libro que se titula El mundo sin fin. Es un análisis del lenguaje empresarial y militar, que utilizaban las misiones protestantes en el siglo XIX y principios del XX. Se hablaba de”la empresa misionera”, “el campo misionero”, “la estrategia misionera”. Siempre hubo esa tendencia de adaptar lenguaje y nomenclatura del mundo empresarial y militar.

Recientemente los nuevos pentecostalismos ponen el énfasis en las “redes empresariales”, en el éxito financiero, e inclusive en llegar a pretender en el lenguaje simbólico a ser ricos porque “somos hijos e hijas de un gran rey”. El que siembra escasamente cosechará escasamente. Hay que ahorrar, sembrar, h invertir, diezmar, y hacer un nuevo pacto con Dios. Dios es un propietario, es el dueño del oro y la plata donde quiera que esté. Esos son varios de los “códigos” usados. Luego toda esta economía de mercado que influye. A la economía neoliberal se le va poniendo un barniz teológico-bíblico, con una hermenéutica particular, elaborando un discurso simbólico, donde la persona tiene que ir pensando que
eso de ser pobre es una maldición, un estado anímico-ideológico del que hay que salir. La evangelización ahora es evangelización de la prosperidad. El Evangelio de la prosperidad, y se le aplica a las enseñanzas y predicación de Cristo. Incluso se tuercen los textos.

Allí donde dice que Cristo sufrió, se insiste rápidamente que venció y triunfó. Y ni la cruz ni la segunda venida de Cristo son prominentes en ese pensamiento de los neopentecostales.  Es el evangelio del éxito lo que se subraya.

 Estos movimientos se manifiestan muchas veces, como neopentecostalismos autónomos,  de cura divina, le llaman en Brasil. ¿Qué significa eso? Sí, salen de los pentecostalismos clásicos muchos de ellos, pero inmediatamente se conectan con movimientos religiosos trasnacionales. ¿Cuál es la aspiración de esos neopentecostalismos?  Establecer obra misionera en otros lugares del mundo. Entrar en el comercio mundial, el mercado religioso mundial. Yo les llamo pentecostalismos de cura divina y prosperidad. Se les llama también neopentecostales, iglesias electrónicas transnacionalizadas. José Míguez Bonino los llama nuevas corrientes pentecostales, destacando que el gran problema es que disipan la autoridad de la Biblia y la autoridad pastoral. Ahora el héroe central es el héroe carismático empresario. El que tiene éxito. Es un movimiento diverso y múltiple, no son realmente iglesias.

Una expresión concreta de ello es la Coalición Internacional Apostólica que hasta hace pocos meses ha dirigido Pedro C. Wagner desde el estado de Colorado en Estados Unidos. Por supuesto, te van a decir en la predicación que no has prosperado porque no tuviste fe suficiente. No hiciste el pacto correcto con Dios, no te puedes quejar. A nivel ideológico lo que impera es una ideología del consumo y la riqueza, aunque tú seas pobre. El asunto del exorcismo opera, sobre todo en Edir Macedo, y su Iglesia Universal del Reino de Dios, en la cuestión de superar el sufrimiento. Si no lo podemos evitar, si lo podemos parar.

"Pare de sufrir”. Al exorcizar el sufrimiento entonces nos liberamos. Estamos liberados para prosperar, para avanzar, para hacer un nuevo pacto con Dios, en el que Dios me va a bendecir.  Es salirse de las ataduras, inclusive a veces en algunos sermones se dice que la peor atadura es el miedo a prosperar. Al pobre creerse que no puede salir de su pobreza. Hay una nueva cosmovisión de bienes religiosos. El líder próspero es el texto, no la Biblia.

Guillermo Maldonado, apóstol colombiano, pastor de una mega iglesia, Rey de Reyes, en Miami, ha escrito dos libros importantes, La generación del vino nuevo y el Ministerio del Apóstol. ¿Y qué dicen los libros? Primero marcan la cuestión territorial, porque en los apóstoles como fenómeno social y religioso impera el asunto de la jerarquización, basada en Efesios 4:11. Hay apóstoles generales, regionales, apóstoles territoriales, apóstoles de ciudades, en la red apostólica. En ese proceso tienen que ser conectados con la red.

Hay relaciones de sujeción y correspondencia, y de “cobertura espiritual”. Entonces en esa red, dice Guillermo Maldonado, cuando uno llega a ser un apóstol, por ejemplo regional, o un apóstol nacional, ya puede decretar revelación. La ventaja que tiene el apostolado, en esta interpretación, es que tú recibes revelación directa y la decretas. Hay un momento en que el apóstol decreta revelaciones (énfasis mío). Pedro C. Wagner, el más influyente ideólogo-teólogo del movimiento de las redes apostólicas, dice que lo que sucedió en el Nuevo Testamento es lo que tenemos nosotros hoy aquí: La presencia plena del Espíritu Santo, en los apóstoles contemporáneos. La segunda era apostólica ha llegado desde el 2001.

La nueva jerarquización es que los apóstoles son los que gobiernan en esta era de reforma
apostólica, como pasó en el Nuevo Testamento. El cristianismo tradicional en general ha caído en la apostasía, en renegar de la fe, tiene un espíritu religioso, pero no tienen fe, dice Pedro C. Wagner en su libro, Cómo ser libre del espíritu religioso. Los apóstoles sí tienen la revelación y la plenitud del espíritu, según Wagner. Bill Hamon, el otro ideólogo del movimiento, tiene un libro clave para entender este pensamiento, La Iglesia Eterna. Para Hamon la Iglesia de los nuevos apóstoles es la Iglesia Eterna, es la que está antes de los tiempos y más allá de todos los tiempos. Es a la que se debe aspirar. Todas las reformas anteriores son válidas, pero incompletas. “La Nueva Era Apostólica” es la
plenitud de la Iglesia. Esto no es nuevo en la historia de la iglesia, siempre han surgido movimientos que reclaman la revelación especial, los que tienen la plenitud del espíritu. Los movimientos que son la “verdadera iglesia”.

He de resumir este tema aquí. Los movimientos neopentecostales se presentan como productoras de bienes religiosos. Estas empresas religiosas se promueven como empresas que producen bienes religiosos de consumo y de servicio. Tienen estructuras paralelas a las iglesias establecidas que son flexibles, como es el caso de las redes apostólicas. Su énfasis es crear las redes desde la iglesia locales o celulares, y no necesariamente fundar nuevas denominaciones.

Hay una presencia muy significativa entre la alta burguesía. Pretenden ser influyentes en muchas esferas de la vida social, política y económica, con poder y autoridad. Hay muchas interrogantes sobre sus rituales procesos de iniciación en las redes apostólicas. Ese es un asunto interno de ellos. Todavía no sabemos. Se sabe que es por invitación. Sin embargo, de momento aparece alguien que te dice: Soy apóstol. Pareciera que algunos se autodenominan. Pero el dato que te dan es que es por redes, que se influyen unos a los otros. Son invitados a algunos retiros específicos, como en Guatemala.
Colombia, Miami, Colorado, diversos lugares donde son prominentes los organizadores de las redes.

La literatura no dice que ellos sean neopentecostales, sino nosotros los intérpretes del fenómeno los designamos así. Los que analizamos el fenómeno.  El propio pentecostalismo clásico  no se ha llamado a sí mismo de ese modo, pues se trata más bien de iglesias: Asambleas de Dios, Iglesia de Dios, Cleveland, Tennessee, Iglesia de Dios Pentecostal, y la Iglesia de Dios de la Profecía, entre otras. Todo esto es una nomenclatura, con afán interpretativo, académico, como un esfuerzo pedagógico. Es un acercamiento a un fenómeno que nos rebasa.

Un punto bien básico, una clave hermenéutica es la alabanza. Cómo hablan del Dios Todopoderoso, el Dios Providente, insisten en la alabanza como principio de adoración y pacto con Dios.

Una vez, en un lugar que no recuerdo donde iba a predicar, había un conjunto interpretando cánticos neopentecostales en un culto pentecostal clásico. Porque se va metiendo así, un disco por aquí, un corito por allá. Y también con el dinero se van metiendo y van promoviendo grandes eventos y celebraciones. Porque tienen mucho dinero.

Es evidente que estamos en la encrucijada de unos nuevos movimientos religiosos inéditos; muchas veces bien difusos y otras ocasiones bastantes confusos. Hemos de estar atentos a su devenir y evolución.

Bibliografía selecta:

Guerrero Fariño, Freddy y Bonilla Cerquera, Yattenciy. Nuevas formas de poder. Movimientos apostólicos y mesianismos “evangélicos”. Quito: FLEREC-FLET-CLAI, 2005.

Maldonado, Guillermo. La generación del vino nuevo. 4ta. Edición. Miami: Tiempo de Cambio, 2006. ________________, El ministerio de apóstol. Miami: ERJ Publicaciones, 2006.

Míguez Bonino, José. Rostros del protestantismo latinoamericano. Buenos Aires-Grand Rapids: Nueva Creación-Wm. B. Eerdmans, 1995.

Ocaña Flores, Martín. Los banqueros de Dios. Una aproximación evangélica a la Teología de la Prosperidad. Lima: Ediciones Puma, 2002.

Parker, Cristián. Otra lógica en América Latina. Religión popular y modernización capitalista. México: FCE, 1993. Núñez, Emilio Antonio.

El movimiento apostólico contemporáneo. Guatemala: Ediciones y Publicaciones Mar Lor, 2001. Wagner, Peter C. Apóstoles en la iglesia de hoy. Buenos Aires: Editorial Peniel, 2002.

______________, Apóstoles de la ciudad. Miami: Editorial Vida, 2004.

______________, Cómo ser libre del espíritu religioso. Buenos Aires: Editorial Peniel, 2007.

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