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El papel de la religión en la sociedad

Por Telésforo Isaac

Santo Domingo, viernes, 8 de junio de 2012

Desde los albores de la civilización la religión ha jugado un papel preponderante en

todos los pueblos del globo terráqueo.  
 
       La religión ha sido un dinamismo constante y perdurable en las manifestaciones de

las creencias, experiencias y conductas  de los seres humanos. Ha formado parte de las  

expresiones culturales y sociales en todos los conglomerados.
 
    Las creencias y las prácticas religiosas son partes  integrales de toda cultura y se  

impregna a todos los niveles de la sociedad; por tanto, no se puede obviar fácilmente la

presencia e influencia de la fe.
 
     No importa en qué  lugar nos encontramos, la dinámica religiosa estará allí latente,

presente, activa y con frecuencia con  influencias marcadas en el Estado o gobierno. Es

manifestación del alma y sentimiento del fenómeno injerto de la esencia misma de la chispa

divina en el ser humano.
 
  La  iglesia organizada e institucionalizada siempre estará allí formando parte o no del

Estado o del gobierno teniendo diferentes facetas y niveles. A veces puede ser rechazada,

ignorada, suplantada o perseguida por motivos ideológicos o programáticos. Habrá una

interrelación positiva o negativa  atendiendo a este señalamiento.
 
     Hay que tener una idea clara del papel que juega la religión en el  pueblo y sopesar  

los beneficios compartidos entre el Estado y/o los gobiernos y las instancias de las

organizaciones eclesiales. Es  bueno entender que todo convenio o cooperación entre las

autoridades estatales o gubernamentales y eclesiales se fundamentan en la aceptación  

mutua de las partes debido a privilegios o favores.
 
En caso de rechazo, suplantación, negación o desconocimiento de la religión de parte del

Estado o gobierno, podría ser debido a contradicciones o entorpecimiento de la  dinámica e

ideales de sus propósitos.
 
En otras palabras los intereses del Estado y/o gobierno y los de la religión serán

compatibles o paralelos con o sin interferencias disonantes que no incidan negativamente

en ninguna de las partes.
 
      No hay que argumentar que el fenómeno religioso debe tener su propia autonomía,

aunque nunca haya que desligarse de su contexto social.  Los profetas del Antiguo

Testamento y Juan el Bautista del Nuevo Testamento son ejemplos inconfundibles de

religiosos que vivieron y actuaron en la sociedad, manteniendo una independencia tal que

les permitía cuestionar al pueblo, a los ricos que eran injustos, y aun al rey cuando éste

era inmoral, irrespetuoso de los derechos humanos o cuando desobedecía las leyes de Dios.
 
         Uno de los objetivos de las iglesias cristianas es la transformación de la

sociedad; mas esto es difícil de lograr cuando la voz de la Iglesia es también la voz del

Estado o del gobierno.  Cuando éste es el caso, la voz religiosa es “como metal que

resuena” con ruido discordante.
 
         Si las iglesias cristianas se unen o se confunden de modo convergente con el

Estado, con el sistema de gobierno, o una posición social ajena a la naturaleza y

principios básicos cristianos,  ellas se incapacitan para ser “imagen y molde del reino de

Dios”. Su credibilidad se pone en duda y su influencia decrece y hasta puede desaparecer.
 
         Todo movimiento religioso tiene una connotación ético-social, y por tanto,

sabiéndolo o no, un interés político y económico. Atendiendo a esto, los líderes

religiosos deben ser cuidadosos y poner primordialmente “su atención al reino de Dios” y

no afanarse de sobremanera por enquistarse en el poder secular, y tener privilegios o

prebendas estatales o gubernamentales a no ser para beneficio de la comunidad  sin

importar la afiliación eclesial.
 
    Las ansias de los dirigentes eclesiales por el poder  secular  o la ambición

desenfrenada, socavan la pureza de la santidad, debilitan la fortaleza espiritual,

distorsionan la influencia, acortan el alcance de la voz profética y desdibujan la imagen

que debe proyectar la religión organizada.  En otras palabras, las iglesias deben tener

una autonomía que permita una clara conciencia moral,  una decidida voluntad de profetizar

y así ser  idóneas para señalar con autoridad: el camino de la verdad y de la justicia

social.
Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación (ALC)
Análisis e información de la realidad socio-eclesial, desarrollo y derechos humanos en America Latina y otras regiones del mundo
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