martes, 2 de septiembre de 2014

 

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CLADE V: el lugar de los adolescentes y los jóvenes en las iglesias y las discusiones pendientes

“Y Jesús dijo: Joven, a ti te digo: ¡Levántate! El que había muerto se incorporó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre”. Lucas 7:14-15

Nicolás Iglesias Schneider
Montevideo, lunes, 23 de julio de 2012

De este CLADE V quedarán, seguramente, muchos documentos y anécdotas, sobre la presencia de algunas personalidades del mundo teológico y religioso evangélico. Pero como joven involucrado en temas de infancia y adolescencia quisiera puntualizar algunas discusiones que van tomando forma en algunas iglesias evangélicas del continente. Al menos en dos consultas del CLADE V se pensó sobre los modelos y formas de ser iglesia y el lugar que los niños, niñas, adolescentes y jóvenes ocupan en ellas. Temas como participación, poder, adulto centrismo y estructuras jerárquicas fueron temas de discusión, reflexión, propuesta, crítica y toma de conciencia.

 La consulta sobre “Niñez” tuvo un aporte nuevo, en referencia a otros CLADE, con la participación de 11 adolescentes de diferentes países y unos/as 40 adultos/as que trabajan en temas de infancia. Así mismo la consulta de “Jóvenes protagonistas para la transformación” que incluyó unos 35 jóvenes presencialmente, tuvo su aporte diferencial con la participación de varios cientos de jóvenes en Facebook, trasmisión y encuestas on line y Pre CLADEs en 5 países. Ambas consultas tuvieron un proceso más allá del encuentro del CLADE V, estos espacios fueron parte de un proceso de discusión y preparación donde participaron unas 10 organizaciones cristinas de la región, entre las que se encontraban Transforma Joven, Red Miqueas, Viva, Desafío Miqueas, Kairós –Comunidad y Cambio-, Red Fale, CIEE, JPC Uruguay, Compassion, CLAI y Visión Mundial.

Una presencia que llamó positivamente la atención de muchos/as, fue la de los adolescentes, ya que en la historia de los CLADE este ha sido un espacio mayoritariamente adulto, formal y predominantemente masculino. Los y las adolescentes participaron de actividades generales e irrumpieron de forma alegre y creativa, con una invitación singular al mundo adulto, para ser vacunados simbólicamente con la “antipegánica”. Dando un compromiso personal de cada vacunado por el Buentrato a la infancia, y esperando sea compromiso también de la Iglesia allí presente.

Quisiera señalar que el CLADE tuvo esta “nueva” presencia de adolescentes y una mayor presencia de jóvenes de diversas maneras. Así como un intento por incorporar cambios en términos pedagógicos y metodológicos hacia formas más participativas. Donde no son los grandes expositores y líderes los que tuvieron el centro de la “escena” de este congreso, sino que se realizaron actividades en mesas para el diálogo, estuvo muy presente la expresión en el arte y la participación de adolescentes, jóvenes y mujeres en diferentes momentos fue más notable.

En mi propio sondeo en el mundo adulto encontré opiniones divididas sobre la dimensión e importancia de estos cambios, en términos de participación de adolescentes y jóvenes.

Algunos no notan el cambio como relevante y no han descubierto el aporte que los adolescentes pueden dar, otros ven que es bueno que los jóvenes estén en roles de servicio, como voluntarios. Otros se entusiasman y ven esta participación como un signo profundo y esperanzador, que es reflejo de un cambio que está pasando en las Iglesias locales. Mientras que otros piensan que es una participación aún decorativa y marginal, que no influencia en la agenda y, menos aún, en las formas de participación real de las iglesias, que siguen estando hoy mayoritariamente afectadas por la lógica de participación adulta.

En medio de estas percepciones cabe señalar algunos puntos planteados en la “Carta Pastoral de los jóvenes” así como en diferentes momentos de la consulta sobre infancia, estos expresan desde mi punto de vista algunos de los puntos críticos en relación al lugar que tienen niños, niñas, adolescentes y jóvenes en las iglesias evangélicas de nuestro continente.

-Reconocer y visibilizar a las y los jóvenes no como consumidores de actividades, destinatarios de programas o fuerza motriz para proyectos diseñados por adultos, sino como protagonistas y agentes del Reino de Dios y Su Justicia.

-Apoyar y promocionar la participación juvenil en los diferentes espacios de reflexión, planificación, organización, toma de decisiones y diferentes espacios que fomenten su protagonismo dentro y fuera de las congregaciones, comunidades y organizaciones.

-Como resultado de lo anterior, evaluar y revisar los modelos eclesiológicos fuertemente influenciados por una perspectiva adulto céntrica y jerárquica, que continúan sin considerar a los y las jóvenes como sujetos con derechos, capacidad de proponer, decidir y participar activamente en sus comunidades de fe, con miras a promover cambios estructurales permanentes.”

Así  mismo quiero destacar que desde la voz de varios adolescentes y jóvenes que participaron en el CLADE V y en las actividades preparatorias, surgieron importantes compromisos que están expresados en esta “Carta Pastoral” que les invito a leer, así como inquietudes que fueron poco presentes en la agenda global de CLADE.

Algunos temas que aún no son visibilizados o son tímidamente planteados en el los espacios adultos, fueron franca y horizontalmente planteados por adolescentes y jóvenes: identidad, discriminación, diversidad sexual, moralismo, modelos eclesiales patriarcales, participación política, lectura bíblica generacional, sexualidad, violencia en el ámbito eclesial. Estos, son tema que están siendo relevantes para muchos adolescentes y jóvenes evangélicos hoy. Siendo los sujetos adolescentes y jóvenes marginales en nuestras instituciones eclesiales y sociales, no son voces muy presentes en el concierto general.

No creo que todo está perdido, creo que estamos buscando el camino, este CLADE V es muestra de que todavía, como iglesia, estamos aprendiendo a escuchar y abrir la mesa a una participación más horizontal e intergeneracional.

Con limitaciones y esperanzas quedan planteados varios desafíos que tienen que ver con los modelos eclesiológicos y misionológico; con lecturas de poder, género y generación todavía muy necesarias.

El autor es Lic. en Trabajo Social, Coordinador de la campaña “Un trato por el Buentrato”, consultor en Movilización Juvenil para Visión Mundial y ex. Coordinador continental de Pastoral Juvenil del CLAI.

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