martes, 22 de julio de 2014

 

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Re-imaginando la vida en tiempos de muerte: Espiritualidad de resistencia

Por Doctora Ofelia Ortega (•)

Matanzas, lunes, 23 de julio de 2012

Fue un momento de crisis. Hubo hambre durante tres años y persistía un sentimiento grande de desesperación ya que hacia mucho tiempo que no llovía. David estaba preocupado. ¿Qué debía hacerse en tal situación? Un diálogo con Dios le dio comprensión de los efectos dramáticos producidos por la escasez y la sequía. Según Yahvé ellos habían actuado mal durante el gobierno de Saúl, una masacre de los Gabionitas (sus aliados) provocó división, odio y enemistad entre ellos (no se menciona en ningún pasaje de la Biblia de una masacre de Gabionitas  instigada por Saúl). Y, por supuesto, las negociaciones comenzaron. David llamó a los Gabionitas y les habló. Fue una negociación exclusiva de hombres y como frecuentemente sucedía, aún en nuestros tiempos, ellos decidieron hacer la guerra.


Esta es una historia muy familiar…esos que necesitan construir la paz, la armonía para cuidar a las personas, están listos de nuevo para una masacre. Ellos escogen dos hijos de Rizpah (hijos de Saúl) y cinco hijos de Merab (hija de Saúl). La historia es cruel y despótica.  Es el primer día de la cosecha, un momento de trabajo comunitario, un momento para regresar a la Madre Tierra, para recoger los frutos del trabajo humano. Ese mismo día ellos cometieron los asesinatos. Y entonces, cierro mis ojos y la veo…ella está parada en medio del campo; ella va a mantener una larga vigilia, un ritual espiritual de
resistencia.

Ella, la concubina violada, (II Samuel 3:2) reta al poder de los hombres y las estrategias de guerra. Rizpah “tomó una tela de saco y la  extendió sobre una roca desde el comienzo de la cosecha  hasta que la lluvia del cielo les cayó encima. Ella no permitió a los pájaros posarse sobre sus cuerpos por el día o los animales salvajes en la noche”  (11 Samuel 21: 10b). Si en 11 Samuel 2:3 Rizpah se representa como una victima pasiva, violada y considerada como una mercancía, aquí su presencia es elocuente. Entonces ella estaba invisible. Aquí el acto de cubrir y proteger los cuerpos fue tan impresionante y notorio que aún David, quien representaba el poder y la autoridad, no pudo ignorarla. Ella realmente cambió el curso de la historia.

Cierro mis ojos y también me imagino las mujeres que la apoyaron con la alimentación, con agua, ropas, oraciones; fue una vigilia de mujeres…día y noche estuvo allí desafiando al rey y “la lógica del liderazgo de los hombres”. En nombre de la seguridad nacional, era más importante para ellos mantener una alianza de muerte que realizar un acto de arrepentimiento, perdón y aceptación por la vida.

Quizás ya nos estamos preguntando… ¿realmente valió la pena lo que ella hizo? ¡Ellos estaban muertos! Sin embargo, es importante conocer que la vida del pueblo hebreo solo existe en relación con otros. La posibilidad de ser separado de su pueblo es una amenaza terrible para los Israelitas (Lev. 20: 6). Además, aún la muerte física no podría suceder en la marginación. Como miembro de la comunidad la persona moribunda estaba vinculada con ella /con su pueblo (Gen. 25: 8; 35: 29; 49: 29) o con  sus padres (Jueces 2: 10, 1 Reyes 2: 10).

La mutilación y el olvido fueron las peores humillaciones para las victimas y una maldición terrible. La perdida de la memoria siempre está acompañada  por la pérdida de la identidad.  Rizpah trató de mantener viva la memoria de sus hijos. Allí en el desierto, día a día, en las noches frías y en los días de sol intenso, soportando el olor de los cuerpos. Rizpah resistió. Su acto fue político, pero de profunda espiritualidad. Esto debe ser una parte fundamental de nuestra liturgia – mantener “viva”  la memoria de las víctimas.
 
Rizpah no solo estaba llorando como madre por sus hijos. Ella tenía la intención firme de restaurar la dignidad humana de las siete víctimas. Enfrentando el genocidio salvaje ella intentó ser humana en medio de la terrible deshumanización del aquel tiempo. Rodeada de cadáveres, decidió llamar la atención de los asesinos con un acto de solidaridad y amor. La actitud de Rizpah hacia las víctimas muestra el poder que surge de esos, quienes tienen un compromiso real con los otros.

Según el texto Rizpah comenzó con hambre y sequía. La intención al sacrificar los siete hombres fue para resolver el problema del hambre y la sequía. Sin embargo, la lluvia llegó solamente cuando los líderes de la nación reconocieron la acción de Rizpah, ahí fue cuando Dios puso atención a las súplicas de la tierra.  

(•) Presidenta del CMI para América Latina y el Caribe. La reflexión forma parte del recién concluido Seminario de Empoderamiento para la Diaconía en Centro América y el Caribe Hispano

Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación (ALC)
Análisis e información de la realidad socio-eclesial, desarrollo y derechos humanos en America Latina y otras regiones del mundo
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